Gabonetako enborrak!


Los troncos de Navidad o troncos de Olentzero, son uno de los objetos y símbolos característicos del solsticio de invierno y de la fiesta de Eguberri. Al igual que el tradicional pino de navidad, se trata de un elemento muy ligado al paganismo, que con el devenir de los tiempos han acabado instalándose en el corazón de la navidad cristiana, como símbolos entrañables del imaginario colectivo.

Existe una antigua tradición vasca de poner un tronco de árbol a arder en la noche de navidad, o incluso uno por cada miembro de la familia. Este elemento de carácter protector recibe innumerables nombres locales y sirve para cocinar (el bacalao, la porrusalda o las castañas de) la cena de navidad. El origen de esta costumbre, se remonta en el tiempo hasta la época de la romanización, siendo anterior este tronco, al mítico personaje de Olentzero que visita nuestros hogares la noche de la natividad, ofreciendo regalos a las niñas y los niños. Curiosamente con estos grandes troncos, se trataba antiguamente de hacer un gran fuego, que evitase que Olentzero descendiese esa noche por la chimenea, y armado con su hoz segara la vida de los moradores de la casa. Además, en este orden de supersticiones, las cenizas eran recogidas y guardadas durante el año, para poder sanar a las personas y a los animales cuando enfermasen habida cuenta de las propiedades mágicas que se les atribuía a estas cenizas de tronco.

Gabonetako enborrak /los troncos de navidad. Dispositivo interactivo navideño diseñado por Maushaus para el Museo Balenciaga. Ver + fotos aquí

¿pero, por qué teníamos miedo al Olentzero en otro tiempo? Pues parece ser que por toda Europa circulan relatos del encuentro de las gentes comunes con los seres cuasi-mitológicos que levantaron los asentamientos megalíticos. En Euskadi estos seres extraordinarios son conocidos como los Gentiles y participan de uno de los relatos más importantes de la mitología vasca, junto con el nacimiento de Cristo y el famoso Olentzero, explicándonos la llegada de la buena nueva cristiana y el principio del fin del rito pagano en nuestra tierra. Dice así:


“Cuentan algunos, que hace tiempo, en la campa de Martxabaleta en la Sierra de Aralar, los Gentiles celebraban una fiesta pagana con bailes.De pronto, vieron acercarse por el este una nube dirigiéndose hacia ellos. Al ver esa extraña nube, estos hombres acostumbrados a las nubes de lluvia, fueron a buscar consejo a la mujer del más anciano, que era especialista en leer las estrellas y los cielos.
El anciano al ver la extraña nube, respondió apesadumbrado al concejo de los gentiles. ¡Hijos míos! -Dicen que les dijo- ¡ha nacido Kixmi y así, ha llegado nuestro final! Yo ya no quiero vivir más, por eso por favor lanzadme a un abismo.
Y siendo así, para cumplir con su deseo, lo lanzaron por un barranco, encontrando de este modo trágico su muerte. Al irse acercando cada vez más la niebla brillante, esta iba cegando a los Gentiles, y ellos a su vez iban escapándose en busca de refugio. Hasta un momento en que llegaron a un hayedo llamado Arraztaran, que estaba cerca. En cuanto la niebla se puso sobre sus cabezas, los Gentiles quedaron absolutamente enterrados bajo una enorme pila de piedras.
Hoy en día a este montón de piedras se le conoce con el nombre de Jentilarri, la piedra de los Gentiles. Pero, parece que no todos murieron allí y que solo uno sobrevivió. Es el que anuncia la venida de Kixmi en todo Euskal Herria y es conocido como Olentzero.”

Nota: En el idioma de los Gentiles, Kixmi y Cristo son sinónimos. 


La historia es contada por un pastor de Zaldibia a Joxe Miguel Barandiarán en 1916 y este la recoge en su Antología de Fábulas, cuentos y leyendas del Pais Vasco.

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